Una cita de Antonio Martorell resume el propósito que anima esta exposición: «la voz resonante de afectos y entusiasmo». Con esas palabras evocaba a Belkis Ayón, su colega y amiga. Este recuerdo personal adquiere aquí una dimensión colectiva: Mi alma y yo te queremos se presenta como una declaración común de artistas que celebran la dicha de haber compartido cercanía con esta figura imprescindible del arte contemporáneo cubano, así como de otros que, de algún modo, se han sentido motivados por su legado y vocación.
Ayón fue una de las artistas más influyentes de su generación. Cuando partió prematuramente, ya había alcanzado lo que muchos creadores anhelan: presencia en bienales y exposiciones internacionales; su obra resguardada en colecciones de prestigio —entre ellas, la del Museo Nacional de su país, donde ingresó con apenas veintitantos años—; el reconocimiento como docente en las dos escuelas de arte donde se formó; y el liderazgo en proyectos que promovían el grabado entre los jóvenes artistas.
Mientras preparaba esta exposición confirmé lo que ya intuía: más allá de su obra ha perdurado un tejido afectivo de vínculos que estableció durante su carrera. Y los artistas aquí reunidos son testimonio de ello. «Era de otro universo; llegó y nos tocó a todos, y así como llegó, se fue. Una luz en la maleza, negra, brillante, profunda, no era de este tiempo», me escribió recientemente un amigo, Amílkar Chacón, quien pudo conocerla.
Los artistas que integran esta muestra se especializaron en el grabado y, aunque sus trayectorias los hayan conducido por otros caminos, vuelven constantemente a la raíz –¿a la matriz? – de la estampa. Cada uno guarda también alguna anécdota sobre su relación con Belkis; la mayoría recuerda su risa resonante, como la describiera Martorell. Todos tienen su presencia en este tejido afectivo y generacional que se ha querido entrelazar en la exposición.
El grabado, como medio, encierra una suerte de liturgia —así lo entendía Belkis, a juzgar por la entrega con que se consagró a la colografía, explorando sus límites y posibilidades técnicas. Las horas infinitas frente a un tórculo o una prensa forjan ese sentido gremial que caracteriza a la gráfica: el taller compartido, la complicidad, la obra que se completa con la mano o la mirada de un colega. Hoy, al reunir a estas voces, el grabado se convierte nuevamente en terreno de encuentro y memoria.
El 11 de septiembre de 2009, al cumplirse diez años de su partida, se inauguraba en este mismo espacio la primera gran exposición antológica de Belkis Ayón en Cuba. Su obra continúa recibiendo hasta hoy un creciente reconocimiento internacional. Con esta nueva muestra —abierta también un 11 de septiembre— la Fundación Los Carbonell mantiene su vocación de crear espacios donde los referentes del arte cubano vuelvan a encontrarse con nuevas generaciones. Mi alma y yo te queremos —cuyo título se inspira en un grabado de Ayón— funciona como ofrenda; como si en un gesto colectivo le devolviéramos el afecto y la admiración.
Sandra García Herrera
Agosto de 2025
